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Diferencias con el sistema educativo de Finlandia y España, también en aprendizaje de idiomas

24 septiembre, 2013

¿Qué podemos aprender del sistema educativo de Finlandia, considerado el mejor del mundo? Quizá que allí prima el desarrollo de la curiosidad, la creatividad, la experimentación… La enseñanza no se consigue transmitiendo información que se repite hasta memorizarla, sin lógica razonada.Para los finlandeses es más importante aprender a pensar que memorizar. El Gobierno no es quien decide el sistema educativo, sino que cada colegio tiene autonomía para organizar su programa de estudios consensuada entre los profesores y los alumnos.

Aquí en España, cada Gobierno que sale elegido saca una nueva ley de enseñanza sin tener en cuenta a los directamente implicados (alumnos, profesores y padres). Sin embargo, en Finlandia tienen el mismo modelo educativo desde los años 70 y para organizar el curso los docentes hacen propuestas y los adolescentes participan en ellas dando su opinión e informando de sus intereses.

En Finlandia, los profesores tienen muchísima libertad sobre cómo hacer sus clases y qué material utilizar. Son muy respetados y valorados, ya que para llegar a ser docente es necesario cursar tres años de licenciatura y dos años de máster. El acceso requiere una nota elevada (más de 9 sobre 10) y una dura prueba de selección. Dan sus clases de forma divertida, con juegos y uso de recursos TIC, vídeos, cómics, música... En España, se le ha tenido cada vez menos respeto a los profesores hasta el punto de que se han dado casos de agresión a éstos por alumnos y por padres de alumnos, sin poder hacer nada al respecto, por lo que se han tenido que convertir en autoridades por ley para combatir su estado de indefensión (LEY 3/2012, DE 10 DE MAYO, DE AUTORIDAD DEL PROFESORADO).

Nuestro sistema educativo se ha basado casi siempre en el Método Tradicional, totalmente rígido, con un papel pasivo por parte del alumno, en el que no se permite el error (se corrige enseguida) y la clase se da en la lengua materna del aprendiente, en contraposición del Método Comunicativo del modelo finlandés, donde el alumno es el protagonista del proceso de enseñanza/aprendizaje, expresa sus necesidades, se arriesga a cometer errores y a corregir sus propias producciones y tiene autonomía sobre su aprendizaje. En Finlandia, la educación se basa en la confianza. Los padres confían plenamente en los profesores y los profesores confían en los alumnos. Así, aquéllos pueden ausentarse cuando lo consideren oportuno para que los adolescentes puedan trabajar solos en sus proyectos. No hay cabida para un sistema de control. Están convencidos de que las personas se comportan mejor y consiguen mejores resultados cuando se encuentran en un entorno de confianza.

Las clases españolas tienen un solo recreo de media hora en las horas centrales de la jornada lectiva de la mañana en educación infantil y primaria, y varios recreos de 15 minutos cada 2 o 3 horas de clase en educación secundaria. Los pequeños empiezan su vida escolar a edades muy tempranas y, aunque la educación básica obligatoria (primaria) empieza a los 6 años, algunos padres llevan a sus hijos a Educación Infantil entre los 0 y 5 años, pero esto es opcional. La educación, que debería comenzar en casa con los padres, se espera que se aprenda en la escuela. Todos conocemos la gran cantidad de deberes que se les pone a los alumnos en primaria.

Los finlandeses tienen numerosos descansos de 15 minutos al aire libre entre clase y clase cuya duración es de 45 minutos aproximadamente, el tiempo habitual en el que el alumno puede estar totalmente concentrado. Así no salen cansados y retienen mejor todo lo que se les explica. Tienen menos horas lectivas y su educación empieza más tarde, a los 7 años. La lengua y la socialización empiezan en casa. No hay más de 20 alumnos por clase ni más de 500 por centro. Están obligados a aprender inglés y sueco y optativamente alemán, italiano o francés y, últimamente, cabe destacar el español. También hay materias más lúdicas y artísticas como baile, cocina, hockey,… La cantidad de deberes a hacer en casa en educación primaria se reduce al mínimo para potenciar la asistencia a actividades extraescolares.

Los adolescentes finlandeses conocen bien la importancia de la educación y desde muy jóvenes pueden elegir si quieren estudiar la “educación general” (la que prepara para ir a la universidad) o la “vocacional” (formación técnica para un oficio). Es por ello que los estudiantes están muy motivados. Un adolescente medio de Finlandia terminará la Secundaria con excelentes notas, hablando inglés a la perfección y leyendo un libro por semana. Esto es lo normal para un finlandés. En España no hay motivación posible debido a la tasa de paro tan elevada entre jóvenes y no tan jóvenes. Un adolescente medio español, acabará sus estudios secundarios obligatorios (si no los abandona) aprobando por los pelos, chapurreando cuatro palabras en inglés y sin el menor interés por la lectura.

Otra diferencia es que en España se hacen puentes larguísimos por fiesta y en Finlandia, si una escuela hace puente (decidido por el propio centro), antes obliga a sus alumnos a salir de clase un poco más tarde cada día hasta compensar las clases que vayan a perder. No hay repetidores, y tampoco hay más de una oportunidad para aprobar, si no lo haces, se quedan todos los días una hora más hasta que lo aprenden y si no, estudian en verano. Cuando los profesores ven que algún alumno tiene problemas, se le asigna enseguida un profesor de apoyo. Tiene clases extra. Están muy pendientes y no dejan que se retrase. En España, se puede repetir curso sólo una vez en educación secundaria; antiguamente, te podían quedar asignaturas para el verano y los profesores no te prestaban más atención si ibas mal.

En Finlandia, un apoyo a la tarea del maestro en la escuela son los medios de comunicación. El éxito en la enseñanza del inglés se debe a que los programas de televisión, series y películas extranjeras son en inglés y no están dobladas, únicamente se subtitulan en finés. Además, en las librerías hay multitud de libros (casi la mitad) en inglés y también se venden periódicos en dicho idioma. En España, las series y películas extranjeras están dobladas al español, aunque actualmente existe la posibilidad de escucharlas en versión original e incluso subtitularlas.

Es muy gratificante, que hoy en día haya un gran aumento en el interés por el español. De hecho, en Finlandia, se ven series como “Aquí no hay quien viva” o “Los Serrano” en versión original. Por otra parte, en España hay una colonia de finlandeses en Fuengirola, en la que se ha tomado como modelo de enseñanza el suyo propio y no se han adaptado al modelo educativo español porque no les parece el más conveniente. El objetivo principal de su enseñanza es que las segundas lenguas sean un instrumento para aprender otros conocimientos, atender otros asuntos diarios, o sea, no un fin en sí mismo. Ese es el mensaje que los profesores quieren comunicar a sus alumnos.

Los alumnos finlandeses gozan de material, transporte escolar, comida y matrículas gratuitas incluso en la universidad. Todo lo cubren los impuestos de los ciudadanos y allí, la mayor partida presupuestaria va dirigida a la educación. En España no hay que mencionar los recortes que ha habido en educación, el tener que pagar los libros de texto cada año (puesto que los cambian de un año para otro), el menor número de subvenciones a los colegios públicos, la subida de las tasas en la universidad y el endurecimiento del sistema de becas en cuanto a los requisitos académicos y económicos que hay que cumplir para acceder a ellas.

¿Aún no se ve claramente la diferencia entre el éxito en educación (entre otras cosas) de un país como Finlandia y el fracaso estrepitoso de España? Aunque ya se hayan hecho ciertos retoques en la enseñanza, debería revisarse con urgencia el sistema educativo español haciendo hincapié en la formación del profesorado y en las asignaturas en las que deben destacar los alumnos, tan importantes como la lengua, las matemáticas y los idiomas si tenemos aún esperanza en que nuestros jóvenes de hoy puedan ser ciudadanos bien formados, responsables para el futuro, capaces de sustentar la cada vez más vieja población y más competitivos, para que un día dejemos de ser los ya obligados “Españoles por el mundo”.

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